Gran Canaria estrena su escuela reina de apicultura

Cursos de apicultura en el mundo los hay a miles, pero escuelas ninguna como la que este jueves estrenaba sede y que es la reina de cuantas existen en este lado del Atlántico, construida sobre un viejo edificio rehabilitado tras una inversión de 300.000 euros y que incluye un extenso prado de cardonal tabaibal donde las abejas desarrollan su trabajo.

Era el año 2018 cuando el Cabildo, con el respaldo de las asociaciones de apicultores de la isla Apigranca y Abecan ponía en marcha con la ayuda de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria la Escuela de Apicultura de Gran Canaria. Una ocurrencia que se ha saldado, a día de hoy, con casi 150 solicitudes de matrícula, pero no solo del Archipiélago, sino de también de la España continental, de Polonia o Italia, lo que ha permitido hasta la fecha formar a doce mujeres y 22 hombres, al punto de crear una nueva generación de especialistas, muchos de ellos integrados como directivos de esas mismas asociaciones.

Un proyecto que triunfó así pero sin sede propia, sino utilizando algunas de las instalaciones de la Granja Experimental del Cabildo en Arucas, pero que a partir de ahora cuentan con su propia escuela física, a tiro de piedra de la Facultad de Veterinaria y de los servicios centrales de la Granja, pero lo suficientemente alejado para que los propias abejas ni molesten ni sean molestadas.
Cathaysa Santana tiene 30 años. Comparte curso 2021-2022 con otros once alumnos. Este jueves se encontraba ejecutando un traslarve, es decir, la transferencia de una larva desde una celdilla de un panal a una copa-celda artificial, que se denomina cúpula, en la que se ha colocado una gota de una mezcla de jalea real y agua destilada. Un trabajo de precisión relojera, destinado a lograr una reina, y que realiza con un pincel para transportar la microscópica larva de un lado a otro.

Santana asegura «que en mi casa no se habla de otra cosa» que no sea la apicultura desde que comenzó el curso en noviembre, y que para ella el estudio de sus ciclos de vida, de sus enfermedades y remedios, o el propio trabajo de campo, «se ha convertido en un vicio». Y eso que antes de conocer el mundo de las abejas, «era ver una y echarme a correr».
Cathaysa tiene la ilusión de culminar sus estudios con una explotación de entre 200 a 300 colmenas, algo para lo que requeriría de ayudas, pero de lograrlo impulsaría a Gran Canaria a superar las 11.000 colmenas a pleno rendimiento que se encuentran a día de hoy en 300 explotaciones.

Hay que subrayar que los estudios que se ofrecen en la Escuela de Apicultura insular ofrece un itinerario académico formativo que no solo se adapta a las circunstancias de la labor en Canarias, sino que además «proporciona una titulación válida en todo el Estado».

Esto para un sector tan relevante para la vida natural como frágil ante las inclemencias, tal lo que ocurrió con el fuego que arrasó el interior insular en 2019, colmenas incluidas. Este jueves el presidente de la Corporación, tras la presentación de la nueva sede, entregaba al apicultor Antonio Eulogio Rodríguez el último de los 600 núcleos de abejas que se han distribuido entre los 21 profesionales que sufrieron daños en sus explotaciones, dentro de una política de impulso a este subsector de la ganadería al que apoya con otras acciones, como la investigación para la mejora genética y selección de la abeja negra canaria; la gestión de la Marca de Garantía de la miel de Gran Canaria, en marcha desde 2013 con trece apicultores; el análisis de miel en el Servicio de Laboratorio Agroalimentario y Fitopatológico; las campañas de laminado de cera que se lleva realizando desde 2017 y con la que el Cabildo depura y lamina la cera en bruto que le entregan lo apicultores, y las subvenciones que se conceden cada año al sector, que este año ascenderán a 60.000 euros, según informaba el consejero de Soberanía Alimentaria y Sector Primario, Miguel Hidalgo.
Pero, con todo, no era el de este jueves el único trajín de la Granja. En la otra punta de las instalaciones se presentaba un invernadero destinado a la investigación de frutales tropicales y subtropicales que, en sí mismo, luce como un gigantesco laboratorio de 2.160 metros cuadrados al que se le ha implementado, tras una inversión de 150.000 euros, una caterva de últimos adelantos que le permiten simular todo tipo de condiciones climáticas. Son nebulizadores, mallas corredizas, ventilación.., y una monitorización a través de su propia estación meteorológica que puede ser seguida, e implementada, a través de una aplicación del móvil.

Este nuevo equipamiento será dedicado, en una primera, fase al estudio de la papaya para su potencial exportación.

 

Fuente: La Provincia

Fecha de publicación: 10,02,2022