Varona defiende el «valor» de la profesión veterinaria dentro de la salud pública: «Todos los ayuntamientos deben contar, al menos, con un veterinario»
Pablo Varona (Las Palmas de Gran Canaria, 1968) asumió las riendas del Colegio de la Profesión Veterinaria de Las Palmas el pasado diciembre. Entonces, anunció que continuaría con la labor de la anterior junta, de la que fue secretario, especialmente en la defensa de la profesión veterinaria. En esta entrevista profundiza en los objetivos de su mandato.
–¿Cuáles son los principales retos que enfrenta la profesión veterinaria en la actualidad?
–Tenemos bastantes por delante. Entre ellos, sabes que hay una nueva ley de bienestar animal, en la cual los ayuntamientos son responsables de esos animales que no tienen propietario y hay muchos que no cuentan con veterinario oficial. Es fundamental que haya un profesional veterinario que pueda llevar este campo dentro de las administraciones locales, ya sea en ayuntamientos o cabildos. Otro de los aspectos importantes es la lucha contra el intrusismo y, sobre todo, lo que queremos también es que la profesión veterinaria coja el valor que debe tener como profesionales sanitarios dentro de la sociedad y de todo ese abanico de competencias que abarcan todo lo que se llama el concepto de One Health (una sola salud).
–¿Cómo tiene pensado continuar con la labor de la anterior junta?
–Estamos en ese proceso de la defensa de la profesión contra el intrusismo y reclamando todas esas competencias propias. Todo el mundo conoce la clínica veterinaria, por eso hablaba antes del reconocimiento social, pero tenemos otros campos muy importantes en los que participamos, como es el control sanitario de alimentos, y no solamente en el ámbito institucional, con inspectores técnicos e inspectores de salud pública, sino que muchos somos consultores de empresas alimentarias, desde industrias, importadores, distribuidores, hasta el pequeño establecimiento, bar, restaurantes, cafetería... Todos tienen que tener, o deberían, con un profesional veterinario para garantizar que esos alimentos que suministran a sus clientes son completamente seguros y cumplen la legislación. También abarca toda la parte de control ganadero, porque esos animales van a entrar en la cadena alimentaria, y ahí tenemos un papel fundamental, tanto en el control sanitario de esos animales como en su alimentación y en su bienestar.
–Algo que está estrechamente relacionado con el concepto de One Health que mencionaba.
–Exacto. Este concepto lo que trata es que la salud humana, la salud animal y la salud del medio ambiente están todas interrelacionadas, y nosotros no solamente participamos en la salud animal, sino que también en la del medio ambiente y, directa e indirectamente, en la humana. Ahí entra en juego todo el control de vectores, ya que casi todas las enfermedades emergentes que están surgiendo últimamente, el 70%, vienen del mundo animal. Y nosotros somos una barrera ahí, en el control, para que esas enfermedades no pasen a las personas, que se conocen como enfermedades zoonóticas.
–Otro punto confictivo es el real decreto 666/2023 de medicamentos veterinarios...
–El colegio está en contra de ese real decreto y apoya la iniciativa legislativa popular (ILP) presentada en el Parlamento para que la normativa española relativa a la prescripción y dispensación de medicamentos veterinarios se equipare a la mayoría de los países de la Unión Europea. Actualmente ha salido un proyecto para su modificación, que recoge algunas de las reivindicaciones de la profesión veterinaria, como es la cesión del tratamiento completo en animales de compañía y, también, un poco más de flexibilidad a la hora de determinados supuestos de prescripción. Eso no cubre las expectativas, pues siguen existiendo limitaciones al uso antibiótico y la cesión de los tratamientos deja fuera a la ganadería. También está el sistema informático central Presvet (de control de prescripciones veterinarias de antibióticos), que supone una carga administrativa impresionante para las clínicas veterinarias, retrasando el acto clínico al animal.
–Precisamente, uno de los objetivos de su mandato consiste en combatir el 'burn out' o síndrome del trabajador quemado.
–Estadísticamente, la profesión veterinaria tiene unos índices de síndrome de quemado y de ansiedad bastante elevados, incluso los índices de suicidio son bastante altos, con respecto a otras profesiones. Eso se ha detectado también en estudiantes de veterinaria. Nosotros queremos establecer una serie de convenios con profesionales de la psicología, con el colegio de psicólogos, para ver de qué forma podemos ayudar a estos profesionales. También intentaremos dar alguna charla sobre gestión emocional en la sede del Colegio. Cuando se trata de un animal que fallece en tu clínica, a veces parece que el profesional veterinario es frío y está acostumbrado a ello, pero supone una carga emocional. Y eso, día a día, te puede minar bastante la moral o, incluso, generar una depresión, sobre todo porque te puedes enfrentar al duelo del tutor o hasta a amenazas, ya se te responsabiliza de la muerte del animal.
–¿Qué puede decirnos del control de las colonias felinas y de la polémica que despierta entre animalistas y defensores de la biodiversidad autóctona?
–La ley de bienestar animal asigna a los ayuntamientos la responsabilidad o la tutela de esos animales sin dueños. Cada ayuntamiento debería contar, por ello, con al menos un veterinario oficial que se encargue, no solo de las colonias felinas, sino de todo lo que compete a salud pública. El colegio, además, tiene convenios con ayuntamientos y el Cabildo de Gran Canaria para ofrecer información, formación a gestores de colonias o policías locales y ayuda con la esterilización e identificación a través de clínicas veterinarias. Respecto a la polémica con los espacios naturales protegidos, abogamos por adoptar medidas basadas en datos, en la ciencia y que se oiga a todas las partes implicadas.
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Dánae Pérez Perdomo
Las Palmas de Gran Canaria
Sábado, 7 de febrero 2026